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La escritura cuida el centro de los espejismos.
CHANTAL MAILLARD en Fuegos de palabras, ed. de Carmen Camacho, 2018.
No sucumbir al deseo de dejar huella. Convertir la escritura en este pentagrama que trazamos en la arena con el dedo del pie cuando anochece. Así, desalentado: privado de aliento y de morada, menguará el dolor hasta ausentarse.
CHANTAL MAILLARD en Fuegos de palabras, ed. de Carmen Camacho, 2018.
Fuera del cerco. Salta. No digas más. Hazlo.
CHANTAL MAILLARD en Fuegos de palabras, ed. de Carmen Camacho, 2018.
Calla. No hables ya más. Deja la retórica. Toda ella. La mente es pura analogía. Abandona las redes, las telarañas con las que tratas de explicar el mundo.
CHANTAL MAILLARD en Fuegos de palabras, ed. de Carmen Camacho, 2018.
No hay ira en aquel que nada tiene que defender. Nada tiene que defender el que nada posee, ni a sí mismo. Poseerse a sí mismo es poseer un hueco insaciable.
CHANTAL MAILLARD en Fuegos de palabras, ed. de Carmen Camacho, 2018.
¡Muéstrame tu dios y te diré cuál es el color de tu miedo!
CHANTAL MAILLARD en Fuegos de palabras, ed. de Carmen Camacho, 2018.
Nieve. Dicen nieve. ¡Quién pudiese recuperar la extrañeza de la nieve tras la palabra que la nombra!
CHANTAL MAILLARD en Fuegos de palabras, ed. de Carmen Camacho, 2018.