Ella me ha dicho que, cuando termine la danza, a la luz del alba, correremos todos al arroyo sagrado para bañarnos y que, después de que haya dejado todos mis pecados correr río abajo, debo regresar corriendo al pueblo, sin volver la vista atrás, pase lo que pase, porque si vuelvo la cabeza todo habrá sido inútil y, además, todos los pecados de los otros se quedarán en mí.
MARÍA NSUÉ ANGÜE, Ekomo, 1985.