Los violines imitan el sonido del viento, el glockenspiel el de los elfos danzantes, el arpa el de la luna. Porque desde tiempos inmemoriales, el arpa, ya sea un arpa de Lyon o un arpa de pedales, siempre ha tenido la misión de evocar los rayos de la luna.
COLETTE, En el concierto, 1903.