Me entrego con mayor abandono a mi odio a la religión, porque siento que este odio es generoso y que hunde sus raíces en lo más profundo de mi ser. Es mi amor por la bondad, la justicia y la humanidad lo que me hace hostil a estas monstruosidades de egoísmo y fanatismo de las que ningún devoto, si es consecuente consigo mismo, puede escapar.
LOUISE ACKERMANN, Pensamientos de una mujer solitaria, 1903.