Siempre he sentido una profunda admiración por aquellas almas valientes que, en plena posesión de sí mismas y por puro asco a las miserias terrenales, encontraron en sí mismas la fuerza para liberarse de la existencia. La naturaleza sabía bien lo que hacía al dotarnos de una cobardía irremediable ante la muerte; pero qué hermoso es superarla y clamarle: "¡Oh madrastra! Te devuelvo tu carga. Si creías poder atarme con el don fortuito y fatal de la vida, te equivocabas".
LOUISE ACKERMANN, Pensamientos de una mujer solitaria, 1903.