Somos 'escritores' y se supone que nos interesa el sucio lucro, se supone que somos artistas soñadores. En la Tierra de la Realidad, todos queremos poner la cena en la mesa de vez en cuando, pero en la Tierra de la Fantasía, se supone que ni siquiera nos interesa el dinero porque estamos atrapados en la emoción. Es una ilusión, pero es una ilusión que a la gente le gusta y nos hace sentir santos o algo así, así que todos seguimos el juego.
MAX ADAMS, La guía de supervivencia del guionista, 2001.